martes, 29 de marzo de 2011

Un mal sueño



Un rayo de luz,
el haz luminoso que centellea
en la ingrata travesía que ya culmino.
Es el final del camino.
 
Atrás queda el infierno y mi desconsuelo,
detrás mi pena y mi sufrimiento,
a mi espalda, mi angustia y mi tormento,
y a la zaga mi tortura, mi dolor y mi padecimiento.
Y juro que no miento.

Un mal sueño del que ahora despierto.
Salgo de él, y más que salir es huir.

Escapo de este tenebroso túnel,
de este oscuro agujero frío y desamparado,
que, como un barco sin timonel,
a la playa llega varado.

¡Cuántos quedaron atrás!.
Unos que fueron y ya no son,
otros, muy pocos, fueron, son y serán,
y los demás... los demás están de más.

¿Y tú?, ¿dónde estabas tú?
¿dónde estabas cuando más te necesitaba?
¿dónde, que no me mirabas?.
Te necesité como nadie te necesitará jamás.

Un destello de esperanza ilumina mis ojos,
ayer, los días de soledad, de incertidumbre, de malestar,
el abismo que se abría bajo mis pies,
querer ir y no poder llegar.

Un mal soñar.

Y paso una hoja del libro de mi vida,
ante mis ojos, páginas regaladas,
cuartillas blancas, impolutas,
sin mancha alguna, inmaculadas,
puras y sin tachaduras.

Agradecer a los que me arroparon,
a los que me soportaron, aguantaron y toleraron,
a los que me atendieron y saludaron,
a los testigos mudos de mis caídas
que levantarme una y otra vez me vieron.

A los que me visteis luchar y crecer,
a los que me observasteis vencido y vencer,
a los que, sin condiciones, me animaron y protegieron,
a los que en mi ayuda acudieron,
y a todos los que en mi siempre creyeron.

Sois muy pocos, y sin embargo para mi lo sois todo,
y en cualquier modo y para sentirme más cómodo,
gracias, gracias a todos.

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