Qué poco cuestan las palabras
y qué poco pronunciarlas,
qué frivolidad de juramento
y qué escaso el compromiso.
Qué poco cuesta una mirada
cuando es simulada,
de qué poco sirve la promesa dada.
Qué poco cuesta una sonrisa,
cuando es precisa.
Qué poco cuesta amar,
aunque consiga matar.
Qué poco cuesta llenar un día
con palabras vacías,
y cuanto me cuesta
escribir esta poesía.
Que poco cuesta el lenguaje
cuando se hace salvaje
y se acompaña con infamia
con escarnio y ultraje.
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