El sol brillando en tu pelo
revolotea, libre al viento,
y con su suave movimiento,
una maraña va tejiendo
para atrapar mi pensamiento.
Luz de mi vida,
que donde apuntas lo iluminas,
y si me miras me dominas.
Tus labios, vestidos de seda y satén
que cuando me besan acarician mi piel
y que, sin quererlo, me abaten,
y yo, muero porque me maten.
El dulce licor de tu boca,
sonrisa placentera,
que sin buscarlo me altera
y mi ternura provoca.
La tierna mirada,
dulzura suspirada,
ternura admirada
cuan prodigiosa hada
Ojos brillantes, chispeantes,
vivos, que hablan y me dicen;
que me cuentan tu pena y tu alegría,
a veces, desconcertantes,
y siempre deslumbrantes.
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