viernes, 28 de mayo de 2010

A mi hija



Hoy, todos mis recuerdos se agolpan en mi mente,
lugares que recordaré toda mi vida,
amigos de siempre, amigos de adolescente.
Recuerdos que no me dejan indiferente.

Lugares de mi pasado
hoy, todos cambiados.
Amigos y amantes de juventud,
sus caras y sus nombres,
como en un sueño despierto, se van desvaneciendo,
otras, inmutables al paso del tiempo, seguirán apareciendo.

Aunque nunca dejaré de recordarles
y siempre vivirán en  mi,
a nadie podré querer,
como te quiero a ti.

Hoy es ayer,
y el tiempo se detiene,
pienso en ellos, y nada puedo hacer.
Sólo, evocar el ayer.

Eternamente les recordaré
y siempre estarán en mi,
pero a nadie más amaré,
como te amo a ti.
   

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Conmovedora la poesía a tu hija. Ella debe ser siempre tu sol de cada mañana, tu alegría de vivir y tu orgullo. El amor a un hijo es el único amor realmente puro, incondicional e indestructible, porque hasta el amor hacia uno mismo puede flaquear. Que vea en ti un ejemplo a seguir. Que seas para ella el maestro que la enseñó a ser feliz.

José Hernández dijo...

Gracias. Muchas gracias. Efectivamente ella es y será mi Sol, mi orgullo y mi alegría. Si bien, no puedo estar completamente de acuerdo contigo en que el amor a un hijo es el único realmente puro, incondicional e indestructible. Créeme.