viernes, 12 de noviembre de 2010

Felipe González



Menudo revuelo se ha armado con las declaraciones hechas por Felipe González en una entrevista concedida a El País. En realidad lo que ha levantado la agitación del personal ha sido concretamente lo referido a la banda terrorista ETA. El ex presidente vino a decir:  “Tuve que decidir si se volaba a la cúpula de ETA. Dije no. Y no sé si hice lo correcto”. Se habla de ello en todas las tertulias de radio o televisión. Y en mi opinión ya no se trata de que reconozca o no, si él tuvo que ver, o no con la banda terrorista GAL. A mí lo que me llama poderosamente la atención, y aún no he oído hablar de ello, es que mintió en el juicio que se celebró en torno a los GAL, mintió cuando decía que se enteraba de las noticias referentes a la banda por la prensa. Eso es lo que me llama la atención. No si hizo o no lo correcto.

Por otro lado, no sé a qué vienen estas declaraciones. A quién benefician. A quién perjudican. ¿A quién benefician?, sin duda benefician a la banda terrorista ETA. Que el ex presidente revele, aunque sea implícitamente y aunque ya esté concluido el proceso y aunque haya habido gente condenada, que, en efecto existió una guerra sucia contra la banda, es, de alguna manera, darles el argumento perfecto para que los etarras intenten bajo una organización que al parecer se está en vías de germinación, equiparar a las víctimas del terrorismo con las víctimas del terrorismo de estado. Benefician a ETA, porque, parece ser que el reconocimiento de la guerra sucia contra los terroristas asesinos es una de las exigencias de la banda en las negociaciones que se están llevando a cabo y que el Gobierno, como ya nos tiene acostumbrados, naturalmente niega.
  

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