El juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón percibió 203.135 dólares (158.593 euros, 26.387.655 ptas) entre marzo de 2005 y junio de 2006 por actividades que desarrollo en Nueva York sin haber solicitado al Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) la preceptiva compatibilidad. De hecho Garzón ocultó al órgano de gobierno de los jueces que estaba recibiendo un "sueldo" de un centro adscrito a la Universidad neoyorquina mientras seguía cobrando la totalidad de su nómina como juez.
En la cantidad reseñada se incluyen 21.650 dólares que el Centro Rey Juan Carlos I, financiado por el Banco de Santander, destinó a sufragar la escolarización de su hija en la Escuela Internacional de la ONU.
Estos datos son dados a conocer por el Tribunal Supremo tres días después de que Garzón se dirigiera al Tribunal Superior de Valencia para que impute al presidente de la Comunidad valenciana por aceptar presuntamente regalos por valor de 12.783 euros.
El supremo indica que el juez pudo incumplir la ley de incompatibilidades e incurrir en una falta disciplinaria muy grave por "faltar a la verdad en la obtención de permisos" por lo que acuerda remitir su investigación al CGPJ.
Ya veremos en qué queda todo esto.
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18/03/2009
La memoria de la Universidad de Nueva York señala textualmente que Garzón "obtuvo los fondos necesarios" para esa actividad económica. En otras palabras, la Universidad de Nueva York albergó el curso que quería impartir Garzón, pero antes condicionó la organización a que el juez encontrara un patrocinador económico, que resultó ser el Banco de Santander.
Este dato no era conocido por la Sala de lo Penal del Supremo cuando decidió archivar una denuncia por prevaricación y remitir las actuaciones al CGPJ al considerar la posible existencia de dos faltas muy graves.
El hecho de que Garzón interviniera personalmente en la búsqueda del patrocinador arroja nueva luz a su conducta y proporciona como mínimo nuevos argumentos para que el juez sea sancionado por esas faltas muy graves que menciona el Supremo.
Garzón aseguró que él había actuado "sin mala fe y sin afán de ocultar" nada a CGPJ. Si no comunicó que iba a recibir 200.000 dólares, como era su obligación, fue porque "la retribución no estaba fijada en el momento de solicitar el permiso".
Puede que la Universidad no hubiera decidido la retribución del juez en ese momento, pero era él quien había logrado la financiación y, por tanto, quien sabía o podía pactar sus emolumentos, que, sin duda, iban a ser muy altos.
El hecho de que el superjuez siguiera cobrando un sueldo de la Audiencia Nacional mientras estaba en nómina de la Universidad de Nueva York, que le pagaba otro. Garzón jamás informó de este hecho relevante, lo que el propio Supremo califica como falta muy grave.
Otro reproche que le formula el Supremo es que no se abstuviera en una querella contra Emilio Botín, presidente del Banco de Santander, que decidió archivar tras haber sido patrocinado por el banco. Esta acusación cobra mucha más fuerza tras saberse que fue el propio Garzón quien pidió al banco una elevada cantidad de dinero para financiar el curso de Nueva York.
Parece obvio que un juez que ha obtenido un trato tan favorable de un banco decida no abstenerse en un litigio que afecta a los intereses de esa entidad financiera.
Este juez no es que no pueda presidir la Audiencia Nacional, sino que dificilmente pueda permanecer en ella.
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