Cuando la noche me llama
me encuentra tendido sobre la cama,
librando un combate contra el sueño.
La fuerza de la razón produce monstruos
que pretenden ser los dueños de mis sueños.
Alimañas con alas
y bestias sin pelo,
cubriéndose con velo
al cobijo de las balas.
El mar se transforma en un infierno,
el humo de agua asciende hacia el firmamento,
desdibujando combates...
contra mis nervios.
Seres de otra especie
que siento acercarse por todas partes,
con ojos huecos y boca ausente,
cuerpos de cristal, criaturas diferentes.
Monstruos esperpénticos
vuelan contra el viento,
sedientos de almas
de caminos polvorientos.
Acémilas mirando sin ver,
olisquean hasta percibir a su víctima,
tratando de asestar el tajo fatal
que dé fin a su vida mortal.
Y cuando despunta el día
me halla echado sobre el suelo,
rebuscando en mi mente
el amparo de mi consuelo.
Sofocando el fuego al final del juego.
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