Mi vida escrita en un pedazo de papel,
mi ilusión: perderme en tu mirada,
en tu risa delicada, en tu piel siempre deseada.
Distintas sensaciones, diferentes situaciones
y tantas emociones.
De las luces a las sombras
y de la sombra a la luz
y algún momento a contraluz.
Muchas veces me siento grande,
tan grande como la montaña de Mahoma,
capaz de perseguir a un vuelo de palomas.
y otras tan pequeño...
tan pequeño que podría sentarme en un grano de arroz,
sin emitir un hilo de voz.
Y por mucho que escasearan las fuerzas,
en cada momento busqué mi suerte,
y rebusqué mi destino,
y me doy cuenta que nunca faltará:
un fracaso del que aprender,
una utopía que alcanzar,
un revés que superar
y una desesperanza que aliviar.
Cuando el desafío es fuente de vida,
cuando el milagro forma parte del juego,
rehúyo renunciar a todo lo que me hace vivir:
una ilusión por descubrir,
una fantasía que cumplir,
un deseo que alimentar
y un sueño por realizar.
Pasan los años
con sus gozos y sus daños,
persigo mis sueños,
que jamás vendí una quimera
ni jugué con cartas marcadas,
y creyendo aquello de que amar,
es el verbo más bello.
que jamás vendí una quimera
ni jugué con cartas marcadas,
y creyendo aquello de que amar,
es el verbo más bello.